Camisa de once varas: Entrevistadores

Hace algún domingo, en mitad de estas vacaciones de grasas y consumos, el Heraldo abría con una extensa entrevista a la titular de Medio Ambiente. La ministra venía del teatrillo que montan con periodicidad en el Pacto del Agua, paseando por las ruedas de prensa un nuevo calendario para los pantanos con los que el Gobierno de Aragón se refiere a estas alturas nuestras. Sobre todo lo que ya conocen: del ardor reivindicativo del periódico zaragozano para con nuestros hundimientos, de los nuevos plazos en las irresponsabilidades gubernamentales, las dobles morales acuáticas, etc., sobre todas estas aguas estancadas, digo, paso de puntillas para bucear al fondo.

De cara a desestimar la realización de Yesa, como de todos los embalses que aletean sobre nuestras cabezas, existen tantos argumentos de todo orden que su mantenimiento obedece a razones (o sinrazones) por completo extra-hidrológicas. La principal es que tras una ponderación barata de intereses, todos los saldos (votos, lectoras, consumidores o inversores) favorecen al llano y nos fuerzan aquí a la disposición obediente de nuestros recursos, como los de una colonia cualquiera, a las necesidades o caprichos de la metrópolis . En este tono, léase por ejemplo la pregunta (objetiva) de “¿para cuándo podrá beber Zaragoza agua del Pirineo?” que no pone a las obras más límite racional que la “sed” de sus jefes y equipara montañés a egoísta radical.

Como se entiende con facilidad, una visión tan patrimonialista de Aragón es posible en la medida en que nuestra venta, embalse o tematización lúdica no ponga en peligro (electoral o de suscriptores) cargos y dietas. A primera vista se justificaría nuestra irrelevancia mediante un simple cálculo poblacional, pero no hay menos gente en la montaña que en Los Monegros o el Campo de Daroca. Sí hay por el contrario aquí unos recursos naturales (“áreas de negocio”. en argot urbano) impresionantes que nos elevan a la categoría de despensa o parque temático.

Además, el hecho diferencial no es sólo una posesión, sino también una carencia: la falta por nuestra parte de un modelo alternativo y propio nos impide adaptar todo ese interés a nuestras necesidades e identidad. Hasta que no entendamos esa pequeñez, la evidencia de que el desarrollo de aquel modelo de ciudad, de trabajo, de turismo y esparcimiento (que nos hace un barrio periférico más de Zaragoza o Pamplona) es, como se plantea, incompatible con nuestras aspiraciones, no dejaremos de ser, respecto a todos estos equilibrios de poder, sino espectadores difusos.

En Biscarrués, donde la DGA les empujó a esto hace veinte años, la suerte les ha echado un segundo premio de Navidad. Son ironías que imitan al arte y compensan, sin ninguna lógica, un esfuerzo que nos mantiene a flote. También hay quien piensa que la búsqueda de ese modelo propio es el único juego de azar que uno puede creer rentable, máxime en tiempos donde la gente decente anda jugándose las matemáticas y la moral a la ruleta.

David Vila Viñas

Publicado en El Pirineo Aragonés, viernes 4 de enero de 2007

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: