Yesa, seis años después de la primera piedra

El 18 de Mayo se han cumplido seis años desde que aquel prepotente ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, acudiera a colocar la primera piedra del recrecimiento de Yesa, declarando que aquel día se daba un importante paso en la trayectoria del Plan Hidrológico Nacional del Partido Popular. Marcelino Iglesias -en aquel entonces ya bastante despistado en materia de agua, lo cual es en cierto modo disculpable considerando a sus socios en el poder-, se quedó con la mosca detrás de la oreja ante aquellas palabras, pues quizás comenzó a rondar por su cabeza el interrogante de que el recrecimiento de Yesa fuera pieza clave para el trasvase del Ebro y de que aquello de “las obras previstas en Aragón” fueran una primada más de esta comunidad.

Hoy, seis años después, aquella primera piedra sigue siendo una piedra solitaria, una piedra envuelta en grietas, una piedra arropada por la cobardía de la justicia en condenar a los poderosos, una piedra sobre la que siguen encaramándose promesas incumplibles para unos y amenazas silenciadas para otros, terreno abonado para que los judas de cercanías hagan girar los molinos del conformismo y de la insolidaridad.

En estos seis años, los argumentos contra el recrecimiento de Yesa no han hecho sino crecer y consolidarse. Sin embargo, esos argumentos reciben consideración de papel mojado por quienes tendrían que obrar en consecuencia. Y esta queja la hago extensiva a los medios de comunicación de mayor divulgación, más atentos a suministrar a la sociedad titulares poco comprometedores que a ofrecer información veraz e imparcial.

Por parte del Gobierno de Aragón, el puño de hierro de Jaume Matas y el Partido Popular, ha quedado revestido en el guante de seda del pretendido consenso de la cota media, mera operación aritmética de mayorías frente a minorías –es decir, más de lo mismo-, y sigue siendo un puño de hierro de oídos sordos a la lógica, un puño de hierro incapaz de cocinar la patata caliente de ríos y montañas, un puño de hierro buscando complicidades en el actual Ministerio de Medio Ambiente, cuya visión sigue resultando cortísima a la hora de zanjar viejos errores y reiterados desmanes.

En la arena de estos seis inútiles años, sólo me cabe desear que ese puño absurdo siga dando golpes al aire y que su badajo de incongruencias reactive el movimiento social para rescatarlo del letargo de ficticia paz hidráulica que anestesió a la sociedad con la llegada del socialismo al poder.

Mª. Victoria Trigo Bello

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